Quién fue Henri Bergson
Henri Bergson nación el 18 de octubre de 1859 en París. y falleció en la mima ciudad 1941. Hijo de madre inglesa y padre exiliado polaco de origen judío realizó.
Cursó sus primeros estudios en el Liceo Condorcet, sobresaliendo en las disciplinas clásicas y más aún en las matemáticas.
Bergson dedicó su vida a reivindicar el papel del espíritu en el despliegue del ser.
No empleó el lenguaje especializado de los filósofos, sino una prosa de enorme claridad y belleza que le hizo ganar el Nobel de Literatura de 1927.
Fue uno de los filósofos más importantes del siglo XX, creador de conceptos novedosos sobre la intuición o la duración. La Academia sueca le atribuyó el Nobel de Literatura en 1927 «en reconocimiento a sus ideas ricas y vitalizadoras, y la habilidad brillante con la que se han presentado».
Para Henri Bergson, la inteligencia es la facultad de la que disponemos para lidiar con la materia o con el espacio. Nos permite dividir, calcular, yuxtaponer. En cambio, la intuición es la facultad que se ocupa del tiempo o del espíritu, nos permite captar lo único, lo singular e irrepetible.
Henri Bergson escribe su testamento el 8 de febrero de 1937, el cual, luego de su muerte, quedará en posesión de su esposa quien más tarde se lo dará a conocer a Emmanuel Mounier.
En el texto señala una posibilidad de conversión que declinará al ver la persecución que se tramaba contra los judíos a inicios de la Segunda Guerra Mundial. Su testamento recoge sus último deseo de esta forma:
Mis reflexiones me han conducido de más en más, cerca del catolicismo, donde veo la culminación completa del judaísmo. Me hubiera convertido, si no hubiera visto prepararse desde años la formidable ola de antisemitismo que va a desplegarse sobre el mundo. He querido quedar entre los que mañana serán perseguidos. Pero espero que un sacerdote católico quiera, si el Cardenal-Arzobispo de París lo autoriza, venir a decir sus plegarias a mis exequias. En el caso en que esta autorización no se otorgue, sería necesario dirigirse a un rabino, pero sin ocultarle y sin ocultarle a nadie mi adhesión moral al catolicismo, como asimismo el deseo expresado inicialmente por mí de tener las plegarias de un sacerdote católico



