Quién fue Emma Goldman
Nacida en el seno de una familia judía ortodoxa en Kaunas (Lituania) el 27 de junio de 1869, Emma Goldman emigró con su hermanastra a Estados Unidos a los dieciséis años de edad, huyendo de su padre.
Una vez allí, e impulsada por el ahorcamiento de cuatro anarquistas durante el motín de Haymarket (Chicago), se unió al movimiento libertario, entorno en el que conocería al también anarquista Alexander Berkman, condenado por tratar de asesinar al empresario Henry Clay Frick cuando sus trabajadores se encontraban en huelga.
Goldman no fue a prisión por esa colaboración, pero ese mismo año sería encarcelada por agitadora. Volvería a ser detenida en 1901 por supuestamente participar en un complot para asesinar al presidente McKinley, en 1916 por distribuir material junto a Berkman y en 1917 por conspiración militar.
El FBI la catalogó Emma Goldman, como la mujer más peligrosa del mundo y la expulsó del país; pasó cuatro veces por la cárcel y consiguió que Peggy Guggenheim financiara sus memorias.
Durante años la figura de Emma Goldman permaneció en el olvido, pero a finales de los setenta el feminismo volvió sus ojos hacia una mujer que dedicó su vida a luchar por los derechos de los más desfavorecidos gracias a una frase que jamás pronunció ni escribió: “si no puedo bailar, no es mi revolución”, pero que define muy bien su ideario político.
El destino de Goldman era insospechable para la hija de una familia paupérrima del gueto judío de Kaunas, actual Lituania. Una niña ignorada por su madre y a la que su padre golpeó, humilló y negó el acceso a la formación superior, a pesar de que era brillante en los estudios.
En 1908 se enamoró de Ben Reitman, un vagabundo diez años más joven que ella, que acabó estudiando medicina y tratando personas en situación de exclusión social afectadas por enfermedades venéreas.
Compartieron su compromiso con el amor libre, pero mientras ella le permanecía fiel, él tenía varias amantes. Intentó conciliar sus celos con la creencia en el amor libre que propugnaba, pero le resultó difícil.
Tres décadas después de llegar a Estados Unidos fue deportada. Había llegado siendo una adolescente y se iba convertida en una celebridad.
El gobierno de los Estados Unidos en connivencia con el FBI había conseguido anular su ciudadanía, ella y uno de sus maridos, Alexander Berkman. fueron expulsados del país.
Tres décadas después de llegar a Estados Unidos fue deportada. Había llegado siendo una adolescente y se iba convertida en una celebridad. El regreso a aquella patria que apenas recordaba supuso un golpe durísimo.
En 1925 se casó con el escoces James Colton para evitar la deportación y conseguir la ciudadanía británica. Sólo eran conocidos, pero le aterraba volver a vagar sin rumbo, empezaba a estar cansada.
En 1936 su querido Berkman se suicidó, fue el último gran golpe de su vida. Emma Goldman mantuvo múltiples relaciones sentimentales, incluso algunas de manera simultanea; la última con Frank Heiner, un sociólogo de la Universidad de Chicago 30 años menor que ella, pero Berkman había sido más que un amante, había sido su compañero de fatigas.
El 8 de mayo de 1940 sufrió un derrame cerebral y el 14 de mayo murió en Toronto, tenía 70 años.



