Quién fue Carmen Balcells
Nacida el 9 de agosto de 1930 en el seno de una familia de propietarios rurales, estudió en un colegio de monjas teresianas y más tarde se graduó en Comercio.
Empezó a trabajar de secretaria en una oficina de Barcelona a finales de los años cuarenta y nada la relacionaba con el mundo de la literatura, si bien el poeta leridano Jaume Ferran la puso en contacto en 1955 con personalidades de este ámbito, como los hermanos Ferrater, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Juan Goytisolo y Josep Maria Castellet.
De este modo, empezó a trabajar en la agencia literaria ACER, propiedad del escritor rumano exiliado Vintila Horia y que representaba a autores extranjeros en España.
Esta situación duró hasta que Vintila Horia ganó el Premio Goncourt, en 1960, y decidió vender la agencia y trasladarse a París, por lo que Balcells se hizo cargo de sus representados y se estableció por su cuenta.
Desde la creación, en 1960, de la Agencia Literaria Carmen Balcells, la firma ha gestionado más de 50.000 contratos, siendo Luis Goytisolo el primer autor español que representó.
En su cartera figuran otros escritores de la talla de Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, John Le Carré, Ana María Matute, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Juan Goytisolo, Alfredo Brice Echenique, Isabel Allende, José Luis Sampedro o Carme Riera.
Balcells fundó en 1981 la agencia RBA de servicios editoriales, junto a Ricardo Rodrigo y el editor Roberto Altarriba, si bien la abandonó cuando sus socios pasaron a convertirse en directivos en Planeta-De Agostini y considerar que su posición en la editorial era incompatible con su condición de agente literaria.
Carmen Balcells anunció en mayo de 2000 su retirada, aunque en 2008 volvió a hacerse cargo de la agencia, que había perdido esos años a algunos escritores importantes.
A finales de 2013, Balcells eligió al joven gestor cultural Guillem d’Efak para que la sustituyera al frente de la agencia.
En el año 2010, la agente vendió por tres millones de euros su codiciado archivo al Estado español, con lo que correspondencia privada, borradores, primeras ediciones, fotografías y bibliografías completas de autores esenciales en lengua española pasaron a formar parte del patrimonio público.



